martes, 17 de marzo de 2015


Dificultades académicas de los niños con TDAH a lo largo de la escolarización.

TDAH DIFICULTADES ACADÉMICAS CURSOS

Derivadas de la sintomatología característica del TDAH, los alumnos con dicho trastorno pueden experimentar a lo largo de su escolarización diferentes dificultades académicas, lo que puede provocar retrasos significativos en su aprendizaje aunque su capacidad y nivel de inteligencia sean normales. El que los profesores conozcan estas dificultades que pueden encontrar en el aula favorecerá que se de a cada alumno una respuesta educativa ajustada a sus necesidades en las diferentes etapas educativas y en función de las características personales y académicas de cada uno.
En términos generales, las dificultades académicas que puede presentar un alumno con TDAH las podemos resumir en los siguientes apartados:
  • Dificultades para la planificación del tiempo, tanto del escolar como del social y familiar.
  • Dificultades para la organización: de su material escolar, de tareas o trabajos, etc.
  • Presentan inhibición respecto a los estímulos irrelevantes para la tarea que están desarrollando en un momento determinado.
  • Precipitación en la tarea a realizar.
  • Memorización fallida debido a una lectura precipitada.
  • Mala reflexión y casi inexistente repaso de las tareas.
  • Falta de estrategias para organizar la información.
  • Dificultades para seguir las instrucciones del profesor.
  • Dificultad para mantener el nivel de atención en aceptable, sobre todo en tareas de larga duración.
En lo referente al comportamiento, este también puede influir de manera negativa en su proceso de aprendizaje, como pueden ser los comportamientos disruptivos, las interrupciones en clase, etc.
                          
Todo este tipo de dificultades que presentan respecto al ámbito académico, desencadenan dificultades en áreas determinadas, como el cálculo, la lectura o la escritura, pudiendo desencadenar, sin un tratamiento específico para combatirlo en discalculia, disgrafía, disortografía y otros trastornos asociados a la lectura.
Evidentemente, las dificultades más características que presentan los alumnos con TDAH no son las mismas en todas las fases de la escolarización, por lo que vamos a ver cuáles son las principales en cada etapa educativa.
Educación Infantil.
Aunque existen dificultades para el diagnóstico de TDAH en niños menores de 6-7 años, diferentes estudios han constatado que entre un 60% y un 70% de los alumnos diagnosticados con TDAH, durante su etapa prescolar ya manifestaban comportamientos diferentes al de los de su grupo de referencia (Barkley, 1981).
Una de las diferencias que encontramos en los niños con TDAH en prescolar en relación al resto de sus compañeros sin TDAH, es referente al juego. Los niños con TDAH presentan un juego más inmaduro, menos social y constructivo y con un uso más monótono de los materiales. No suelen cooperar mucho con los compañeros en los juegos de grupo y se comunican con ellos de una manera más pobre.
En la actualidad, y como contrapunto a lo que se hacía hace unos años de `dejar que desapareciesen los síntomas con el tiempo`, se recomienda una pronta intervención sobre los síntomas que presentan los niños con TDAH. Aun así, no hay que olvidar que en algunos casos hay niños que son tachados de hiperactivos cuando no presentan mas que el norma movimiento asociado a su edad (Campbel y col, 1984).
Una minoría de familias de niños con TDAH de dos, tres o cuatro años, requieren intervención para sus hijos, aunque a esta edad la intervención suele determinarse por conductas que se deben a la baja tolerancia a la frustración que presentan los niños, rabietas, agresiones a otros niños, etc.
Educación Primaria.
Conforme los alumnos van creciendo, también lo hacen las dificultades y repercusiones negativas que el TDAH ejerce en el currículum académico y en los comportamientos de los niños. Es en el periodo escolar donde, de manera más acusada, se ponen de manifiesto la incapacidad de los niños con TDAH para enfrentarse a los retos que se les presentan desde el ámbito educativo.
En esta etapa podemos encontrar diferencias significativas entre los alumnos que son hiperactivos y en los que predomina el déficit de atención. Por su parte, los alumnos hiperactivos e impulsivos se caracterizan por la `prisa` con que finalizan todas sus tareas escolares, la ausencia de repaso de sus tareas, la incapacidad para hablar en voz baja en clase, lo que puede provocar alboroto y en consecuencia molestar a los compañeros de alrededor, etc.
En los alumnos en los que predomina el déficit de atención, se ven más afectados aspectos como su incapacidad de organización, de concentración en la tarea a realizar, saber escuchar, mantener un nivel aceptable de atención, etc.
En ocasiones, los profesores de alumnos con TDAH manifiestan que en el colegio requieren, en muchas ocasiones, de una atención individualizada, se distraen con facilidad y acostumbran a interrumpir el ritmo normal de la clase. Además, pueden verse desorientados cuando un niño inteligente se porta mal en clase y no rinde el nivel que sería aceptable en relación con sus capacidades (Green & Chee, 1994). Por ello, como hemos señalado en otras ocasiones, creemos necesario la psicoeducación, donde las personas del entorno de los niños con TDAH (familia, profesores, etc.) se informen y formen sobre el trastorno para poder conocer las causas de determinados comportamientos, ejerzan la labor de coterapeutas, etc.
En esta etapa se hace evidente la dificultad que presentan los alumnos en memoria, ya que estos fallos, unidos a los que presentan en integración hacen que, aun siendo inteligente, no logre alcanzar los aprendizajes y objetivos previstos para el curso escolar.
En general son alumnos muy desorganizados tanto con el material como con el espacio. Además de ser propensos a perder el material que necesitan, acostumbran a tener encima del pupitre más material del necesario, por lo que este puede caerse, él distraerse más fácilmente, etc.
En términos generales les cuesta mucho ordenarse en el tiempo y en el espacio. Pueden incurrir en fallos como anticiparse con una respuesta a una pregunta que aun no ha sido formulada del todo, se prepara para el recreo cuando lo que toca es otra clase, olvida o no lleva completo el material específico de alguna asignatura, como educación física o plástica, etc.
No se adaptan bien, de manera general, a las órdenes grupales. Pueden presentar dificultades para ordenar un pensamiento lógico matemático, y debido a que el lenguaje hablado es por lo general pobre o poco desarrollado, faltan elementos de cohesión en las frases o hablan sin que lo que estén diciendo tenga relación con la situación en la que estén.
Una de las dificultades más acusadas por los profesores es la búsqueda de atención constante de las recompensas inmediatas, así como la insensibilidad hacia los castigos, lo que en ocasiones desespera a los docentes, que no saben como actuar con el alumno. Además, se muestran ávidos de actividades nuevas, aunque cuando se les presentan no las aprovechan como deberían.
Es curiosa la dualidad de comportamientos que puede presentar un mismo niño, porque igual habla sin parar durante una clase sin dejar que continúe el ritmo normal de esta, que pasa desapercibido y parece que no ha ido a clase. O igual alborota a los compañeros en un momento determinado o se mantiene al margen de la dinámica del aula.
Educación Secundaria Obligatoria.
Durante esta etapa escolar, son evidentes los numerosos cambios que la acompañan, por lo que puede ser una etapa difícil para los alumnos. Pueden encontrarse ante un centro escolar nuevo, con nuevos compañeros y mayor número de profesores, por lo general especialistas en cada asignatura que, todo ello unido a una serie de presiones sociales, hacen que el alumno con TDAH requiera de una mayor atención incluso que en cursos anteriores.
Es en los primeros cursos de esta etapa donde es recomendable que los alumnos cuenten con mayor atención, incluso que en primaria, tanto de profesores como de padres, para que la transición sea lo más positiva posible y su adaptación a la nueva etapa sea más satisfactoria. Será imprescindible contar con modelos más positivos para el niño, para que su evolución continúe ascendente y no se vea estancada o sea regresiva.

Rocío Meca Martínez.
Especialista en Pedagogía Terapéutica de Fundación CADAH.

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